lunes, 10 de marzo de 2014

Up in the sky

El móvil comenzó a vibrar e iluminó toda la habitación. Inés, lo cogió rápidamente y leyó el mensaje que le acaba de llegar:

"A las 00:30 en la esquina. Como llegues un minuto tarde, me voy sin ti."
 
Inés estuvo a punto de soltar una carcajada victoriosa, siempre conseguía convencerlo, siempre. Al igual que sabía que si se retrasaba ese minuto, iba a seguir esperándola. Siempre habían sido así, no había fiesta en la que no estuviera con Eric, ni Eric con ella. Si no iban los dos, no iba ninguno. Esa era la norma.

Inés abrió el armario en busca de "El vestido". Así llamaba a su vestido favorito y no solo porque le quedara bien sino también para las ocasiones "especiales" y esa noche, intentaría que así fuera. Lo que no esperaba es que Eric, planeaba lo mismo.

Cuando terminó de vestirse, maquillarse, elegir los tacones adecuados y los zapatos de después, salió disparada tras decirles rápidamente a sus padres que salía, que volvería antes de las 3 –hora que de antemano sabía que le iban a decir, como siempre- y que se iba con Eric –su billete para salir definitivamente, si iba con él entonces podía salir-.

Cuando llegó a la esquina, el móvil indicaba que se había pasado diez minutos de la hora. Y tal y como ella pensaba, Eric la seguía esperando apoyado en su moto tan arrebatadoramente guapo como siempre. Muchas historias habían detrás de esa moto, empezando por lo duro que trabajaron para conseguir el dinero para comprarla, casi se podría decir que era de los dos además, casi siempre la usaban los dos juntos, algo que la gente no había pasado desapercibido ya que pese a que todo el mundo seguía insistiendo en que algún día acabarían juntos ella sabía perfectamente que no iba ser así. Una pena, tenía que reconocer que era muy guapo. Y nadie la conocía mejor que él. Pero una relación... era algo que jamás compartirían.

-Llegas tarde- dice Eric, señalando su reloj.

-En cambio tú, sigues aquí- sonríe ella muy orgullosa, mientras se aproxima.

Él suelta una carcajada y murmura para sí mismo- lo peor es que lo sabía- se sienta en su moto y se pone el casco.

Inés sin esperar a que le diga nada, coge el casco que ella ha utilizado tantas veces y se monta detrás- ¿qué?

Él termina de colocárselo y espera a que ella esté lista- que a veces, mi querida Inés, la confianza da asco.

Ella lo abraza por detrás, preparada para irse- lo sé, querido Eric, es lo que tiene conocerse desde que tienes uso de razón.

- Por cierto, te has puesto “El vestido”, ¿a qué se debe? ¿Qué esperas conseguir esta noche?

-Nada, Sherlock, ¿acaso una no se puede poner guapa porque le apetezca?

-Tú nunca te pones guapa porque te apetezca- murmura.

-¿Qué?

Entonces Eric arrancó la moto y salieron volando hacia la fiesta.

Cuando llegaron, el sitio no podía estar más lleno. La fiesta ya había empezado hace una hora por lo menos. Sin embargo, a los dos eso les daba igual tan solo tenían que esperar a que su plan saliera según lo acordado.

-¿Ves? ¿Qué te dije? No está tan mal como esperabas, ¿verdad?

-No, es cierto- reconoció Eric, mirando alrededor.

Los dos dejaron los abrigos y comenzaron a bailar juntos, como tantas veces antes lo habían hecho. De hecho, así hubieran seguido hasta que otro chico no se chocó con ellos.

-Ups, perdón- les dijo o, más bien, les gritó. Mientras pasaba por detrás, se acercó mucho a Inés.

Eric se le quedó mirando sin decir nada. Inés comenzó a reírse y a chasquearle los dedos delante de la cara- Tierra llamando a Eric… ja, ja, ja, ¿qué te pasa? ¿Te has puesto celoso o qué?

Ahora era a Eric a quien le tocaba reírse- eso quisieras tú.-Otra de sus típicas bromas. Ella le guiñó un ojo y siguió bailando pero esta vez, Eric no la acompañaba- oye, tengo sed. Ahora vuelvo.

Inés le hizo un signo afirmativo con la mano y siguió bailando sola. Cuando consiguió llegar a la barra, esperó a su turno y pidió un ron con Coca-Cola. Cuando le dio un buen trago y estaba a punto de volver con Inés, alguien le agarró del brazo.

-Perdona.

[…]

-Perdona.

Inés se volvió esperando encontrar a Eric pero, en su lugar, había otra persona. Un chico, de pelo rubio rizado y ojos castaños. Ella se quedó sin saber qué decir, no podía ser verdad.

-Eehh, no sé muy bien por qué hago esto pero bueno…- se sacó un papel del bolsillo. Un poco nervioso.

[…]

Era el mismo chico que se había tropezado antes con ellos, mientras bailaban. Alto, de pelo castaño y ojos azules. Él se quedó mirándolo, ceñudo.

-¿Qué?

-No sé muy bien por qué hago esto pero bueno… el otro día, cuando salí de la biblioteca, una chica (muy rara por cierto) me estaba esperando en la entrada y me preguntó directamente si…

[…]

-…si tenía novia. Le pregunté que quién era, por qué me preguntaba eso y por qué me había estado esperando en la entrada de la piscina. Me contó una historia muy rara sobre una chica que conocía desde siempre, que un día se prometieron encontrar la pareja del otro, todavía…

[…]

-…todavía no me había recuperado de su primera pregunta sobre si soy gay y aunque parezca una locura me enseñó una foto tuya y me preguntó si querría quedar contigo para salir…

[…]

-…no dije que no (y todavía no sé por qué). Pero él me habló de esta fiesta, de ti y que si yo venía y tú querrías salir conmigo, me dijo…

[…]

-… me dijo que hiciera como que me chocaba con vosotros y mientras ella, me daba esto y que después yo… te lo diera a ti.- Sacó un trozo de papel que Eric, todavía sin creerlo, y que leyó para sí mismo.

[…]

“Sé que queda mucho para tu cumpleaños y, aunque los dos pensábamos que no sería posible. Sigue siendo una apuesta que nos hicimos y sabes que yo nunca me echo atrás. Disfruta de tu regalo…”

[…]
 
Te quiero. Inés.” – repitió Eric.


[…]
 
Te quiero. Eric.”- repitió Inés.

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