lunes, 7 de marzo de 2011

Música y luces, eso era lo único que era capaz de percibir en esos momentos. Ya hacía rato que había entrado en aquel local y, tras una copa, cualquiera se animaba a bailar a pesar de que fuera sola.

Parecía que el zumbido que producida los altavoces se habían adentrado en su cuerpo, y esto era lo que la impulsaba a bailar. De repente, unos ojos azules captaron su atención pero debido a la multitud de gente acabó por perderlos de vista. Ella solo pudo encogerse de hombros y seguir bailando de forma despreocupada. Cuando fue a darse cuenta, esos mismos ojos se encontraban bailando a su alrededor y con ellos un chico de alta estura.

Ella miró alrededor pensando que quizás se trataba de una broma de mal gusto pero enseguida él captó su atención con una sonrisa invitándola a seguir bailando, ella le correspondió con otra.

Al parecer el local era muy transcurrido porque comenzó a llenarse hasta tal punto que acabaron abrazados. Él la rodeó por la cintura a modo protector de posibles empujones. Cuando le susurraba algo mientras ella se reía divertida, él se acercó buscando los labios de su acompañante, en cambio, ella los rehuyó indecisa. Ante este gesto él no pudo más que echarse a reír y sin apartar la mirada de sus ojos cogió las manos de ella y las colocó alrededor de su cuello.

Siguieron bailando durante un buen rato, cuando la incomodidad por bailar con un desconocido finalizó como la canción que estaba sonando hasta ese momento; ella sin pensárselo dos veces dio comienzo a la siguiente posando sus labios en los de él.

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