viernes, 4 de febrero de 2011

Momentos Entre Amigos

Ya era la octava vez que repetía aquella batalla, era la última del sexto nivel, pero ni siquiera había llegado a la mitad del juego. “Turno del jugador” decía la pantalla superior de la consola, y moví uno de los personajes.
Sin darme cuenta ya eran las cinco menos diez, y solo quedaban diez minutos para la hora marcada por Adriana, debíamos de reunirnos todos en casa de Daniel a las cinco en punto.
Mientras a mi guerrera, a la cual le quedaba ya poco de vida, se enfrentaba sola a uno de los grandes monstruos, yo terminé de recoger mis cosas para irme. “Game Over” salió acompañado de una música ya demasiado conocida, y sin darme cuenta eché la máquina al bolso.
Si me daba prisa aun llegaría a tiempo… o eso me decía a mi misma mientras caminaba, pero no podía ir muy rápido, delante de mi había dos señoras a paso ligero.
        - ¿Sabes qué? La vecina del cuarto ha discutido con su marido, yo creo que esos se divorcian.
        - ¿Sí? ¿Y cómo lo sabes?
        -Me lo ha dicho la vecina de en frente, que los ha oído.
Aprovechando que no venía ningún coche, las adelanté.
-       -Esta juventud de hoy en día, ¡No tiene ninguna educación!
Giré a la izquierda y corrí por el último tramo de la calle, cuando vi a Miguel esperando en la puerta.
-       -¡Nuevo record, solo has tardado 10 minutos!
       -¡Cállate! No fue culpa mía, me volvieron a matar… ¿Qué ocurre?
       -Pasa y míralo tú misma, vuelve a estar deprimido, pero no ha querido decir nada.
Daniel era un poco sensible y se deprimía con facilidad, pero no le gustaba el negro ni nada de eso, quizá por eso en más de una vez hubo equivocaciones respecto a ese tema, contaba sus problemas a Adriana y ella le ayudaba, muchas veces no nos enterábamos de nada, pero desde que era amigo de la chica que le gustaba no hubo ningún problema desde hace mucho.
Adriana y Daniel estaban sentados en el sofá del salón, no había ningún ruido, pero una gran aura de tristeza se percibía en el lugar. Me senté en un sillón que estaba al lado de ellos y Miguel se quedó en la puerta de la sala, nunca se metía en estos asuntos, decía que nosotras teníamos más tacto.
        -Daniel ¿Qué te pasa?- dije.
No hubo ninguna contestación.
         -¿Quieres algo? Pañuelos, helado de chocolate…
        -¡Noelia, tómatelo en serio!- grito Adriana
        -Lo ha dicho… - se oyó en un susurro- ¡Joder, que no soy gay!
         -Tranquilo, todos lo sabemos- intentó consolarle ella- … iré a por helado.
Volvió el silencio.
        -¡Venga hombre, otra vendrá que bien hará!- dijo Miguel mientras le daba unas palmadas en la espalda
         -Eso dijiste la primera vez- le contesté, al ver que no había respuesta- y era lesbiana.
         -… ya llegará la de verdad- rectificó.
         -La tercera, y bisexual con novia.
         -… es posible que estés solo un tiempo.
         -Quinta y con novio.
         -¡vosotros animarlo! ¡No os puedo dejar solos!- gritaba Adriana, entrando por la puerta con un bote de helado para este tipo de emergencias.
         -Quiero salir a la calle- se volvió a oir en un susurro.
Adriana soltó el bote de helado, agarró a Daniel y se disponía a salir. Yo cogí mi consola, sabía que no íbamos a llegar muy lejos, y pude ver de reojo como Miguel habría el helado y clavaba la cuchara.
En la puerta, nada más salir, se encontraron con la vecina de enfrente, una chica muy guapa.
         -Creo que me he enamorado.
Ya era bastante normal oír esa frase de boca de Daniel, pero Adriana se alegró, para ella era como un hermano.
         -Ogta veg a empegag- intentó decirme Miguel, con la cuchara en la boca y agarrando el helado.
         -¡Gané!- yo, sin enterarme de nada, acababa de ganar la batalla.

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