miércoles, 9 de febrero de 2011

Comencemos de nuevo

[ Tercera parte de Realidad o Delirio]


-¡Matthew!-la voz de mi madre resonó en el piso de abajo.


-¿Qué?-me asomé a la escalera para escucharla mejor.


-Necesito que lleves una cosa a la casa de los vecinos-me contestó mientras bajaba y me dirigía a la cocina.


-¿Ahora?-suspiré protestando, no me apetecía nada.


-Sí, ahora- me fijé que envolvía en papel transparente un plato con galletas-son para agradecerles el habernos ayudado a arreglar el garaje…¿sabes? Tienen una hija de tu edad y…-no supe a que venía esto último, tampoco es que quisiera saberlo en realidad.


-Vaya, no me digas más- le contesté en tono sarcástico ya que nos conocíamos de antes y si comenzaba a hablar no había quien la parara y más tratándose de gente que le caía bien.


Atravesé el jardín con el plato en mis manos y me dirigí a la entrada de la casa de al lado, a pesar de que las entradas del vecindario fueran similares esta tenía algo que me hacía sentir realmente bien, ya me sonaba esta sensación de antes. Llamé a la puerta pero nadie me contestó:


- ¿Hola?- grité pero siguió sin haber respuesta.


Empujé la puerta esperando que estuviera cerrada pero esta se abrió sin mucho esfuerzo, ¿por qué no me sorprendía? Llegué al salón donde dejé las galletas, me quedé observando el interior de aquella habitación: había una estantería debajo de la larga ventana en la cual se apilaban millones de libros y discos de vinilo, se notaba que entre todo ese desorden había un orden que para muchos sería muy mal visto pero a mí era algo muy familiar; lo que más llamó mi atención era el tablón que había encima de la chimenea repleto de fotografías en las cuales casi siempre había una persona que se repetía , especialmente había una en la que salía una niña pequeña con un gorro y unas gafas muy grandes “Laura, como no, esa enana tiene que ser ella, sin duda” lo que la delató fue su sonrisa, nunca la perdía y era algo muy destacable de ella.


De repente, comenzó a oírse música que al parecer provenía de la parte trasera de la casa. Al salir, había un invernadero bastante pequeño con la forma de una casa, no sabía si entrar o largarme por donde había venido. Comencé a escuchar una canción que me recordó a una película. Muerto de curiosidad decidí saber de qué iba todo esto.


Giré el pomo de la puerta y abrí con cuidado sin hacer ningún ruido, un perfume de miles de plantas y flores inundaban el lugar y un mini-salón ocupaba el centro de la estancia junto a un atril y con ella justo enfrente de este.


En realidad parte de la música que había escuchado antes era el acompañamiento que hacía un equipo de música oculto entre las plantas y lo que estaba por sonar era la flauta travesera que al parecer Laura tocaba. Por cada nota que producía parecía sumergirla en un mundo completamente distinto en el que se encontraba, ella haciendo que se meciera sola hacia los lados siguiendo el ritmo. La tranquilidad que invadía aquel sitio era impresionante, tanto que me olvidé por qué estaba allí por un momento.


En cuanto la música cesó comencé a aplaudir por una parte bromeando y por otro muy impresionado, ante esto Laura se asustó y se giró muy rápidamente:


-Bravo-dije desde la puerta aún.


-¿Desde cuándo estás ahí?- preguntó notando como sus facciones se relajaban.


-Desde que empezaste a tocar- me encogí de hombros- no sabía que sabías tocar la flauta travesera…lo haces muy bien.


-Gracias- noté cierto sonrojo en cuanto se volvió para guardarla en su estuche- aunque dudo que sepas algo de mí la verdad…no te ofendas.


Negué la cabeza sin darle importancia aunque en parte tenía razón, apenas nos conocíamos pese a vivir tan cerca. Al verme así ella comenzó a reírse:


-Me hace gracia tu gesto al quedarte pensando-dijo mientras se acercaba hacía mí, después me tendió la mano- aunque nunca es tarde para que comencemos de nuevo…¡Hola!soy Laura Smith y aparte de ser tu vecina sé tocar la flauta travesera como has podido comprobar aunque me queda mucho por aprender…ehm, no soy vegetariana y soy bastante independiente así lo que opine la gente de mi modo de ser me trae sin cuidado, ¿y tú eres…?


Le di la mano para presentarme-¡Hola1 soy Matthew Fellon y aparte de ser tu vecino no sé tocar nada pero me gusta la música, odio todo lo relacionado con la verdura y no soy un chico muy sociable por lo que la gente no puede juzgarme bien.


Su sonrisa se ensanchó aún más y me abrazó-encantada de conocerte, Matt.


-Lo mismo digo, Lau-sonreí.

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