jueves, 24 de febrero de 2011

With Me



1…2…3…4…5…6 Pese a que la primavera nos honraba con su presencia a ratos, una simple chaqueta era prenda suficiente para salir a la calle. En la playa había una chica que saltaba de manera despreocupada de una roca a otra contándolas a su paso, su recogido mostraba su rostro y su expresión mostraba cierta preocupación a pesar del intento que hacía para no recordar lo mismo una y otra vez.

Cuando se sintió cansada se sentó en la arena, acurrucada y abrazándose las piernas, cualquiera diría que necesitaba a alguien a su lado; y así fue, porque no tardaron en llegar. Se trataban de tres personas que se acercaban intentando no hacer ruido alguno para no sorprender a la chica, cuando estos se encontraban cerca se tiraron encima de la chica gritando su nombre, “Sammy” creo que escuché. El viento provocaba que su conversación pudiera oírse en toda la playa:

-Te hemos estado buscando por todas partes-dijo uno de ellos, todavía encima de la tal Sammy.

-Por desgracia, me habéis encontrado…sé lo que me vais a decir y la respuesta es no.

Los tres se miraron sorprendidos-creo que nos conocemos demasiado-repuso la otra chica pasando un brazo por el cuello de su amiga-si no, no sabríamos donde encontrarte cuando quieres desconectar.

-No me hagáis ir, os lo pido-suplicó cansada.

-Comprende que o nos cortan la cabeza o te la cortan a ti…lo siento pero el egoísmo sale a la luz en estos caso-esa broma hizo que se dibujara una sonrisa en los labios de Sammy.

-Gracias por los ánimos, pero no ayudas mucho John.

-Al menos lo he intentado, no como otros, ¿verdad, Dan?

-Cállate, sabes que animar no es lo mío…Además, ¿para qué estáis tú y Alice?

-Bueno, cuando queráis volvemos al motivo por el que hemos venido-repuso la que se suponía que se llama Alice con un tono más serio-Sammy,sabemos que lo estás pasando mal pero tus padres están preocupados, les importas y…

-¿Qué les importo?-preguntó incrédula-no debí importarles cuando decidieron separarse, no debí de preocuparles cuando me hicieron elegir con quién tenía que vivir, ¿¡cómo quieren que esté en casa cuando no puedo hablar con ellos por lo que están haciendo pasar?! Noo, su solución es llevarme a un psicólogo que por lo único que le pagan es para estar con la boca cerrada.

Alice la abrazó con fuerza, John simplemente se sentó a su lado dándole un apretón amistoso en el brazo y Dan comenzó a andar en varias direcciones-pues entonces no vayas-dijo este último parándose frente al resto-yo también pasé por lo mismo y no es fácil así que…-se encogió de hombros-diremos que no te hemos visto y ya está, además para que quieres a un psicólogo teniéndonos a nosotros-comentó sentándose él también.

Sammy comenzó a reírse-eso es cierto.

John lo miró sorprendido-eso me ha llegado al alma, tío, sabes que siempre te he querido-se tiró sobre Dan haciendo como si llorara de la emoción.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Comencemos de nuevo

[ Tercera parte de Realidad o Delirio]


-¡Matthew!-la voz de mi madre resonó en el piso de abajo.


-¿Qué?-me asomé a la escalera para escucharla mejor.


-Necesito que lleves una cosa a la casa de los vecinos-me contestó mientras bajaba y me dirigía a la cocina.


-¿Ahora?-suspiré protestando, no me apetecía nada.


-Sí, ahora- me fijé que envolvía en papel transparente un plato con galletas-son para agradecerles el habernos ayudado a arreglar el garaje…¿sabes? Tienen una hija de tu edad y…-no supe a que venía esto último, tampoco es que quisiera saberlo en realidad.


-Vaya, no me digas más- le contesté en tono sarcástico ya que nos conocíamos de antes y si comenzaba a hablar no había quien la parara y más tratándose de gente que le caía bien.


Atravesé el jardín con el plato en mis manos y me dirigí a la entrada de la casa de al lado, a pesar de que las entradas del vecindario fueran similares esta tenía algo que me hacía sentir realmente bien, ya me sonaba esta sensación de antes. Llamé a la puerta pero nadie me contestó:


- ¿Hola?- grité pero siguió sin haber respuesta.


Empujé la puerta esperando que estuviera cerrada pero esta se abrió sin mucho esfuerzo, ¿por qué no me sorprendía? Llegué al salón donde dejé las galletas, me quedé observando el interior de aquella habitación: había una estantería debajo de la larga ventana en la cual se apilaban millones de libros y discos de vinilo, se notaba que entre todo ese desorden había un orden que para muchos sería muy mal visto pero a mí era algo muy familiar; lo que más llamó mi atención era el tablón que había encima de la chimenea repleto de fotografías en las cuales casi siempre había una persona que se repetía , especialmente había una en la que salía una niña pequeña con un gorro y unas gafas muy grandes “Laura, como no, esa enana tiene que ser ella, sin duda” lo que la delató fue su sonrisa, nunca la perdía y era algo muy destacable de ella.


De repente, comenzó a oírse música que al parecer provenía de la parte trasera de la casa. Al salir, había un invernadero bastante pequeño con la forma de una casa, no sabía si entrar o largarme por donde había venido. Comencé a escuchar una canción que me recordó a una película. Muerto de curiosidad decidí saber de qué iba todo esto.


Giré el pomo de la puerta y abrí con cuidado sin hacer ningún ruido, un perfume de miles de plantas y flores inundaban el lugar y un mini-salón ocupaba el centro de la estancia junto a un atril y con ella justo enfrente de este.


En realidad parte de la música que había escuchado antes era el acompañamiento que hacía un equipo de música oculto entre las plantas y lo que estaba por sonar era la flauta travesera que al parecer Laura tocaba. Por cada nota que producía parecía sumergirla en un mundo completamente distinto en el que se encontraba, ella haciendo que se meciera sola hacia los lados siguiendo el ritmo. La tranquilidad que invadía aquel sitio era impresionante, tanto que me olvidé por qué estaba allí por un momento.


En cuanto la música cesó comencé a aplaudir por una parte bromeando y por otro muy impresionado, ante esto Laura se asustó y se giró muy rápidamente:


-Bravo-dije desde la puerta aún.


-¿Desde cuándo estás ahí?- preguntó notando como sus facciones se relajaban.


-Desde que empezaste a tocar- me encogí de hombros- no sabía que sabías tocar la flauta travesera…lo haces muy bien.


-Gracias- noté cierto sonrojo en cuanto se volvió para guardarla en su estuche- aunque dudo que sepas algo de mí la verdad…no te ofendas.


Negué la cabeza sin darle importancia aunque en parte tenía razón, apenas nos conocíamos pese a vivir tan cerca. Al verme así ella comenzó a reírse:


-Me hace gracia tu gesto al quedarte pensando-dijo mientras se acercaba hacía mí, después me tendió la mano- aunque nunca es tarde para que comencemos de nuevo…¡Hola!soy Laura Smith y aparte de ser tu vecina sé tocar la flauta travesera como has podido comprobar aunque me queda mucho por aprender…ehm, no soy vegetariana y soy bastante independiente así lo que opine la gente de mi modo de ser me trae sin cuidado, ¿y tú eres…?


Le di la mano para presentarme-¡Hola1 soy Matthew Fellon y aparte de ser tu vecino no sé tocar nada pero me gusta la música, odio todo lo relacionado con la verdura y no soy un chico muy sociable por lo que la gente no puede juzgarme bien.


Su sonrisa se ensanchó aún más y me abrazó-encantada de conocerte, Matt.


-Lo mismo digo, Lau-sonreí.

viernes, 4 de febrero de 2011

Momentos Entre Amigos

Ya era la octava vez que repetía aquella batalla, era la última del sexto nivel, pero ni siquiera había llegado a la mitad del juego. “Turno del jugador” decía la pantalla superior de la consola, y moví uno de los personajes.
Sin darme cuenta ya eran las cinco menos diez, y solo quedaban diez minutos para la hora marcada por Adriana, debíamos de reunirnos todos en casa de Daniel a las cinco en punto.
Mientras a mi guerrera, a la cual le quedaba ya poco de vida, se enfrentaba sola a uno de los grandes monstruos, yo terminé de recoger mis cosas para irme. “Game Over” salió acompañado de una música ya demasiado conocida, y sin darme cuenta eché la máquina al bolso.
Si me daba prisa aun llegaría a tiempo… o eso me decía a mi misma mientras caminaba, pero no podía ir muy rápido, delante de mi había dos señoras a paso ligero.
        - ¿Sabes qué? La vecina del cuarto ha discutido con su marido, yo creo que esos se divorcian.
        - ¿Sí? ¿Y cómo lo sabes?
        -Me lo ha dicho la vecina de en frente, que los ha oído.
Aprovechando que no venía ningún coche, las adelanté.
-       -Esta juventud de hoy en día, ¡No tiene ninguna educación!
Giré a la izquierda y corrí por el último tramo de la calle, cuando vi a Miguel esperando en la puerta.
-       -¡Nuevo record, solo has tardado 10 minutos!
       -¡Cállate! No fue culpa mía, me volvieron a matar… ¿Qué ocurre?
       -Pasa y míralo tú misma, vuelve a estar deprimido, pero no ha querido decir nada.
Daniel era un poco sensible y se deprimía con facilidad, pero no le gustaba el negro ni nada de eso, quizá por eso en más de una vez hubo equivocaciones respecto a ese tema, contaba sus problemas a Adriana y ella le ayudaba, muchas veces no nos enterábamos de nada, pero desde que era amigo de la chica que le gustaba no hubo ningún problema desde hace mucho.
Adriana y Daniel estaban sentados en el sofá del salón, no había ningún ruido, pero una gran aura de tristeza se percibía en el lugar. Me senté en un sillón que estaba al lado de ellos y Miguel se quedó en la puerta de la sala, nunca se metía en estos asuntos, decía que nosotras teníamos más tacto.
        -Daniel ¿Qué te pasa?- dije.
No hubo ninguna contestación.
         -¿Quieres algo? Pañuelos, helado de chocolate…
        -¡Noelia, tómatelo en serio!- grito Adriana
        -Lo ha dicho… - se oyó en un susurro- ¡Joder, que no soy gay!
         -Tranquilo, todos lo sabemos- intentó consolarle ella- … iré a por helado.
Volvió el silencio.
        -¡Venga hombre, otra vendrá que bien hará!- dijo Miguel mientras le daba unas palmadas en la espalda
         -Eso dijiste la primera vez- le contesté, al ver que no había respuesta- y era lesbiana.
         -… ya llegará la de verdad- rectificó.
         -La tercera, y bisexual con novia.
         -… es posible que estés solo un tiempo.
         -Quinta y con novio.
         -¡vosotros animarlo! ¡No os puedo dejar solos!- gritaba Adriana, entrando por la puerta con un bote de helado para este tipo de emergencias.
         -Quiero salir a la calle- se volvió a oir en un susurro.
Adriana soltó el bote de helado, agarró a Daniel y se disponía a salir. Yo cogí mi consola, sabía que no íbamos a llegar muy lejos, y pude ver de reojo como Miguel habría el helado y clavaba la cuchara.
En la puerta, nada más salir, se encontraron con la vecina de enfrente, una chica muy guapa.
         -Creo que me he enamorado.
Ya era bastante normal oír esa frase de boca de Daniel, pero Adriana se alegró, para ella era como un hermano.
         -Ogta veg a empegag- intentó decirme Miguel, con la cuchara en la boca y agarrando el helado.
         -¡Gané!- yo, sin enterarme de nada, acababa de ganar la batalla.