viernes, 17 de diciembre de 2010

~Realidad o Delirio...

Viernes 17 de Diciembre, para muchos por no decir para todos es un día como otro cualquiera; el despertador suena como cada mañana a las 7:00, te quedas dormido y eso te obliga a que corras en todo momento por no decir la maratón hasta la parada del autobús.
Y es aquí donde estoy yo, Matthew Fellon, típico chico solitario de instituto que vive en un típico pueblo en el que todo es tan…típico. Y yo no iba a ser menos y me acabaría sentado en el mismo sitio en el autobús día sí y día también, para ser exactos en las filas de en medio que por alguna extraña razón siempre estaban vacías. Me dejo caer en el asiento y me dispongo a escuchar música mientras leo, ignorando lo que ocurre a mi alrededor. Según el protagonista de este libro tiene una vida muy parecida a la mía, siempre la misma rutina teniendo el mismo sentimiento de soledad y pensar que al mundo le importas una mierda; solo que un extraño suceso ocurrido durante su trayecto al instituto cambia su vida por completo…¡Lástima! El autor la ha fastidiado con esto último, en la vida real no ocurren estas cosas y mucho menos a tipos como yo.

Suspiré cansado apoyando la cabeza sobre el cristal sintiendo el choque de las gotas de lluvia y distrayéndome mirando el vaho que dejaba mi aliento sobre dicha superficie húmeda y fría.
Cerré los ojos con fuerza y en cuanto los abrí, todos habían desaparecido incluido el conductor pero el autobús seguía su destino correspondiente, ¿qué demonios estaba pasando aquí.? El estrecho pasillo comenzó a largarse llegando a perder de vista tanto los asientos de la primera como los de la última fila. Comencé a notar una fuerte presión en el pecho y a sentir arcadas al igual que un sudor frío recorría mi frente haciéndome cada vez más difícil respirar. Finalmente, acabé por desplomarme y cayendo al suelo; necesitaba salir de ese autobús ya pero este no se detenía.
Unas misteriosas sombras comenzaron a formarse en el techo dando lugar a palabras sueltas que acabarían por combinar unas con otras haciendo surgir una frase: “La soledad es un sentimiento que todos compartimos y ninguno nos percatamos de ello.”
No sabía por qué pero le encontraba sentido a aquello aunque, por desgracia para mí, eso jamás ocurriría en mi vida.
De repente, un suave aroma y a la vez dulce invadió mis sentidos provocando que me adormeciera hasta que acabé por cerrar los ojos.
-¡Matthew!-gritó una voz femenina- ¡vamos, despierta!- parecía muy angustiada.
-M-mi cabeza…-repuse con un hilo de voz-me duele la cabeza, ¿dónde estoy?- pregunté mareado y desorientado.
-No me extraña, te llevaste un buen golpe- noté como acariciaba la parte dolorida- estás en la entrada de tu casa-contestó un poco más relajada- ¿te puedes mover?- notaba como leves apretones en los brazos como queriendo conseguir con eso que volviera mi movilidad.
-Sí, creo que sí-intenté levantarme pero las piernas me flojearon y provocando que casi cayera al suelo pero ella, a pesar de que no todavía no viera bien del todo, me ayudó haciendo que cargara mi peso en ella- ¿q-quién eres?- la cabeza me daba vueltas.
-Laura, tu vecina-me contestó y comenzó a obligarme andar para volver a mi casa.
-Laura, ¿qué ha pasado?-por cada paso que daba notaba doloridas todas las partes de mi cuerpo.
-Mientras salía de mi casa te he visto dirigirte hacia la parada y cuando me he dado la vuelta ya te habías desplomado sobre el suelo…me has asustado-cogió mis llaves y abrió la puerta llevándome hacia el salón para después dejarme en el sofá- ¿duermes bien últimamente?- me preguntó pillándome de improvisto.
-Mmm no, creo que ni siquiera duermo- mi humor no me dejaba ni siquiera descansar por las noches- ¿pero cómo…?
-Lo supuse al verte esas enorme ojeras, que son… ¡vaya!-comenzó a reírse y dejó las llaves sobre la mesa sentándose en el filo de esta enfrente mía-¿cómo estás?
-Mejor- respondí dejando caer la cabeza con cuidado sobre un cojín.
-Me alegro, has hecho que me preocupe durante…- consultó su reloj-… ¿cinco minutos?- dijo pensativa pero a la vez sonriendo sin estar segura de lo que decía.
¡Alto, alto, alto! Pero si yo estaba en el autobús; ¿cómo iba a estar en la entrada de mi casa?... ¡Oh, Dios! Debí golpearme demasiado fuerte la cabeza. Laura se me quedó mirando fijamente como si esperara algo de mí- lo siento y gracias- le dije sin saber si era eso.
Al ver que su sonrisa se ensanchó aún más comprendí que así era- has tardado en darte cuenta de ese detalle- se sentó en el sillón suspirando fuertemente.
Hubo una frase que había mencionado antes que se repetía en mi mente una y otra vez “has hecho que me preocupe” al recordar mi supuesta “alucinación” producto del desmayo supe que la frase comenzaba ahora a aplicarse a mi vida.