miércoles, 7 de julio de 2010

Desde el acantilado.

Pasear por aquella playa lo consideraba una perdida de tiempo y más por la mañana temprano. Pero algo tenía que hacer, en casa no se podía quedar y mucho menos con la situación por la que estaba pasando en aquellos momentos. A pesar de que fueran las 7:00 h. ya empezaba a hacer un poco de calor, el calor amenazaba con los primeros rayos de sol que el mar reflejaba a esas horas. Se acercó a la orilla de la playa y suspiró en el momento en el que el agua cubrió sus pies hundiéndolos a la vez un poco en la arena, el agua le dejaba una sensación bastante extraña pegajosa pero al mismo tiempo reconfortante.
Al cabo de un rato decidió acercarse al acantilado y sentarse en la parte más alta donde el viento era más fuerte pero dejaba pensar con mayor claridad. Se le pasó por la cabeza saltar desde allí, como había visto hacer a otros chicos en ocasiones anteriores por simple diversión; pero por otra parte pensaba que era bastante estúpido hacer algo así sin razón aparente. Se acercó con paso decidido al borde del acantilado mirando de manera desinteresada las olas que rompían varios metros más abajo de donde se encontraba.
-Si te lo piensas al final no harás nada-
Una voz le habló por detrás haciendo que se soblesaltara. Una chica más o menos de su misma edad se encontraba parada enfrete de él con una toalla al hombro.
-¿Perdona? -se encontraba bastante confundido con su llegada.
-¿Vas a saltar o no?- hizo un gesto señalando el mar.
-No creo.
-Lástima -suspiró decepcionada -hubiera sido divertido.
-¿El qué? -no entendía nada.
-El saltar acompañada, es mejor que hacerlo sola -se encogió de hombros.
-¿Tú vas a saltar...desde aquí? -preguntó incrédulo.
-Pues claro -tiró su toalla y se quitó la ropa quedándose en biquini -¿lo has probado antes?
-No.
-Ah, no sabes lo que te pierdes -se soltó el pelo a pesar de que el viento hacía que le tapara la cara de vez en cuando-todavía estás a tiempo de saltar conmigo.
Miraba desconfiado el mar -no tengo motivos para saltar.
-¿Motivos? ¿por qué tienes que tener motivos? -preguntaba confundida.
-Todo lo hacemos por algún motivo.
-Diversión...¿te parece un buen motivo para saltar? -empezaba un poco a impacientarse.
Él se encogió de hombros -supongo -durante un momento se quedó pensativo mirando el horizonte con la mirada perdida buscando más motivos para hacer aquello hasta que acabó por quitarse la camiseta y quedarse con el bañador, cuando de repente se percató de que la chica lo seguía mirando esperando su decisión -está bien, salto.
Se dibujó una sonrisa en el rostro de la chica- ¡genial, sabía que lo harías! -gritaba muy emocionada.
Le agarró de la mano entrelazando sus dedos con los suyos y arrastrándolo hasta el borde del acantilado -a la de tres saltamos; uno, dos... -se notaba cómo la emoción aumentaba en ambos-...¡tres! -gritó ella tirando a la vez de él.
La sensación de caer al vacío se intensificaba cada vez más pero esa sensación de libertad era tremenda, el rugido del viento se confundía con los gritos de los dos que, finalmente cayendo al agua, finalizaban pero que volvían a resugir al salir a la superficie.

1 comentario:

  1. Me gustan mucho tus historias, ese estilo narrativo que te caracteriza es muy especial y se demuestra en tu imaginación. Es genial!!
    Te seguiré =D

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